No Puedes Engañar al Espíritu Santo - Juan Manuel Vaz

Sana Doctrina Sana Vida / JMV9,328 words

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Vamos entonces a pedir al Señor que bendiga este tiempo con su palabra. Señor, hemos entonado alabanzas a tu nombre. Hemos cantado de tus obras y de tus maravillas. Hemos cantado, Señor, a ti porque solo tú eres digno. Y hemos elevado nuestras oraciones a ti. Ahora queremos que sea tu voz la que baje hacia nosotros, que sea tu voz la que nos hable y tu voz está en tu palabra. Por eso te pido, Señor, que tu palabra se pueda abrir delante de nosotros, que tu palabra pueda ser sembrada en nuestros corazones y que por tu espíritu tu palabra de fruto en nuestras vidas. Queremos, Señor, recibir tu palabra con humildad. Quita toda dureza de nuestro corazón. Quita todo orgullo que a veces, Señor, pone freno a recibir la buena semilla de tu palabra. Haznos humildes para recibir tu palabra y simplemente como pueblo tuyo responder amén, Señor, a tu palabra y obedecerla. Enséñanos a hacer tu voluntad, pues es el deseo de nuestros corazones como creyentes, pero también como pueblo, como iglesia. Te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén. Amén y amén. Hermanos, para situarnos en el contexto en el que estamos, me gustaría que primero recordemos de dónde venimos. ¿Por qué? Porque el libro de Hechos es una continuidad de acontecimientos muchas veces y lo que vamos a ver hoy tiene mucho que ver con lo que terminamos viendo la semana pasada. La semana pasada veíamos a unos siervos de Dios que finalmente quedaban libres de un interrogatorio. Unos siervos de Dios que eran respaldados por el Señor todopoderoso en la predicación de la palabra. Y finalmente veíamos cómo la iglesia estaba unida, cómo tenían las cosas en conjunto, cómo se dedicaban a la palabra. y nos reflejaba el texto bíblico al final del capítulo 4, cómo era la peculiaridad de trabajar, de relacionarse, de congregar de los creyentes en aquella época, de esos cristianos. Y cuando nosotros mirábamos a la iglesia reunida, una de las cosas que decía el texto es que cada uno vendía sus propiedades, las ponía a los pies de los apóstoles y se repartían entre ellos de manera que no había nadie que tuviese necesidad. Nosotros hablábamos y explicábamos que eso no significa que ahora todos nosotros tenemos que vender todo. Ni siquiera todos ellos vendían todo. ¿Por qué? Porque y ya lo vi lo veíamos con lógica, si todos ellos vendían sus casas, no tendrían casa a nadie donde está refugiado, donde vivir. Lo que sí entendíamos es que había gente de muy buena condición económica que estaba entre el pueblo de Dios y posiblemente personas que tenían varias propiedades, personas que tenían más riquezas. Ellos sí que ponían a disposición de los hermanos que tenían más necesidad algunos de sus bienes para aliviar y ayudar en su condición. Lo que sí que tenemos es un fundamento. No había apego por lo material. No había problema en despojarse de algo que ya no era necesario en nuestra vida con el fin de ayudar a un hermano. El amor que había por los hermanos, el deseo de cuidar de las necesidades unos de otros era mayor que el apego y el gusto por las cosas materiales. Y eso es lo último que vimos. Y ahora, antes de entrar en el capítulo 5, que es el que vamos a trabajar hoy, el capítulo 4 terminaba con la presentación de un hombre que va a ser importante en el relato bíblico, un hombre llamado Bernabé. Terminamos primero leyendo Hechos capítulo 4 y los versículos 36 y 37, donde dice, "Y José, un levita natural de Chipre, a quien también los apóstoles llamaban Bernabé, que traducido significa hijo de consolación, poseía un campo y lo vendió y trajo el dinero y lo depositó a los pies de los apóstoles." Vemos aquí un hombre llamado José, pero que el nombre que más vamos a escuchar en la Biblia, el nombre que le otorgaron los apóstoles, era el nombre de Bernabé. Y dice que este hombre tenía un campo, tenía un campo. Lo vendió y trajo el dinero y lo depositó a los pies de los apóstoles. ¿Ven? No, Bernabé no se quedó sin casa. Bernabé no perdió su vivienda para darla a la iglesia. dice que tenía un campo. Es posible que ese campo no le fuera necesario. Es posible que fueran unas tierras de cultivo. Es posible que ese campo no afectara en la vida diaria de Bernabé y diría, "Yo tengo un campo, a lo mejor no lo uso, no me es necesario, ya tengo una buena condición, ya tengo lo importante y necesario para el día a día." Y Bernabé decidió vender ese campo y tomar el dinero de la venta y darlo a la iglesia para que para que los apóstoles lo distribuyeran de una manera razonable para ayudar a las personas necesitadas de la congregación. Entonces aquí vemos el reflejo de un hombre haciendo lo que nos ha dicho el capítulo 4 que hacía la iglesia. ese desapego por lo material, ese desapego por posesiones que a lo mejor ya no eran tan necesarias, porque el deseo de amar, de cuidar, de servir, de proteger, de ser de bendición para los demás era mayor que sus posesiones. Algo que vamos a ver en el libro de Hechos es que los hermanos no se ponían nunca en primer lugar. Había un amor genuino por la iglesia, había un amor genuino por los otros, había un un carga en el corazón por el bien de la comunidad. Y, hermano, algo que vamos a repetir constantemente en el libro de Hechos y no es una visión personal, no es una visión de Juan Manuel ni de caminando por fe, es una visión bíblica, es que debemos cultivar y lo vamos a ver y tenemos que entender si ellos vivían así, si la Biblia demanda eso, si es lo que Dios quiere de mí y mi deseo como creyente es agradar a Dios, es lo que debo hacer. Dios no nos pregunta si nos parece. Dios nos enseña y nos muestra cómo quiere que su pueblo se relacione. Y hermano amado, debemos cultivar ese sentir de comunidad, el pensar en los demás, el mirar más allá de nosotros mismos, de nuestros sentimientos, necesidades y pensar en el prójimo, tener en cuenta a otros, mirar la necesidad de otras personas, como dice también la escritura, considerar a los hermanos como superiores a nosotros mismos. Y este era el reflejo del carácter de Bernabé. El nombre Bernabé dice que significa hijo de consolación. Hermano, hermano, amado hermano, ese ese título consolación, consolador es un título que se había adjudicado a alguien muy importante para nosotros, al Espíritu Santo. Primero a Jesús, porque cuando Jesús anuncia la venida del Espíritu Santo, Jesús dice, "Les enviaré otro consolador, mostrando Jesús que él es el primer consolador." Pero un título adjudicado a nuestro Señor, un título adjudicado al Espíritu Santo, se le pone a un hombre, le llaman hijo de consolación. ¿Recuerdan? Juan 14:16. Yo rogaré al Padre y él os dará otro consolador para que esté con vosotros para siempre. O en Juan 14:26, pero el consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre. Hermano, qué gozo que por su carácter, por su comportamiento, por su actitud le pongan un título, un nombre que es hijo de consolación. Déjame hacerte una pregunta. Después de que te conozca la gente, después de que sepan cómo eres, después de que conozcan cómo te mueves entre el pueblo de Dios, si le dijesen, "Ahora tus hermanos te van a hacer como a José, te van a cambiar el nombre y te van a poner ellos un nombre según lo que les transmitas a ellos, ¿qué nombre te pondrían?" ¿Te lo has preguntado a José? Le pusieron Bernabé, hijo de consolación. ¿Cómo te llamarían a ti? Y hermano, cuando hago estas preguntas, no hay nada más pretencioso que las personas que piensan, "No me importa." No, sí que te debe importar. Es muy orgulloso decir, "Lo que importa soy yo. Lo que yo pienso de mí, como yo me veo." Hermano, eso es soberbia. Nosotros tenemos puntos ciegos. Nosotros no somos capaces de ver nuestra realidad muchas veces. Es decir, si 10 personas me ven orgulloso y yo me veo humilde, tengo que ser honesto. Es muy posible que sea orgulloso. No creo que 10 personas se estén equivocando. Si 10 personas dicen que soy tacaño o egoísta y yo me veo generoso, no voy a pensar que yo tengo la visión correcta y que todo el mundo se equivoca. Hermano, necesitamos humildad para no solamente pensar que yo estoy bien, sino de vez en cuando preguntar a otros, ¿me ves estar bien con el Señor? ¿Me ves bien con el Señor? Realmente la opinión ajena, claro, de gente madura en la fe es útil en nuestro caminar con el Señor porque nos ayuda a examinarnos con un criterio mejor. Y necesitamos ayuda para ver nuestra realidad. Y necesitamos ayuda para que cada día no yo piense que estoy bien, sino que sea evidente el carácter de Cristo en mi vida. Yo desearía que alguien me pusiera el título de hijo de consolación. Probablemente habla de un carácter amoroso, un carácter cuidador. Se preocuparía por las personas, estaría atento al que sufre, miraría la necesidad de otro, cuidaría el corazón del que está abatido. Y viendo ese comportamiento, decidieron llamarle Bernabé, hijo de consolación. Es muy posible que el fruto del espíritu fuese evidente en él. Gálatas 5:22 y 23. Más el fruto del espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio. Contra tales cosas no hay ley. ¿Sería Bernabé un hombre que transmite ese amor hacia el prójimo que cumplía así la ley de Cristo que era ama a tu prójimo como a ti mismo? Sería Bernabé un hombre lleno de benignidad, un hombre lleno de bondad, un hombre que transmitía ese fruto del espíritu y que finalmente el título que le quieren poner es hijo de consolación. Pero hay una cosa que venía a mi mente cuando pensaba en Bernabé. Pensaba que cuando uno piensa como quién te gustaría ser en cuanto a la Biblia, ¿quién es tu personaje favorito de la Biblia? o dependiendo la iglesia de la que vienen, yo vengo de un transfondo donde la gente a veces te decía, "Yo declaro que sobre ti está la unción de Elías. A mí me llegaron. Yo declaro que vas a ser el Moisés de tu generación. Yo declaro que vas a ser un Abraham, padre de multitudes." No, pero siempre grandeza, ¿eh? Nadie te dice, "Yo declaro que vas a ser un torpe Pedro. Yo declaro que vas a ser un torpe incrédulo Tomás. Siempre es, vas a ser Elías, vas a ser Moisés, vas a ser Abraham. La unción de Pablo está sobre ti. Y eso habla mucho de nuestro corazón. Nadie quiere ser Silas. Todo el mundo quiere ser Pablo. Nadie quiere ser Timoteo. Nadie quiere ser Bernabé. Eso habla mucho de nosotros. Mira qué interesante. Las personas suelen admirar a hombres como Pablo por su liderazgo e incluso por su reconocimiento. Pero pocos fijan sus ojos en Bernabé, el hijo de consolación, el que está en un segundo plano, el que no destaca tanto. Eso muestra la realidad de nuestros corazones. Aunque para Dios, Bernabé y Pablo, ambos fueron siervos destacados con una función para su gloria. Pablo no es lo mismo sin Bernabé. A lo mejor Pablo en la cárcel sin Silas no hubiera cantado igual al Señor, porque los hombres se debilitan, los hombres se vienen abajo, los hombres se cansan, los hombres se abaten. Y el hijo de consolación puede ser esa ayuda que te anima a volverte a levantar y servir al Señor. A lo mejor tú no vas a ser un líder como Pablo, pero puede ser una gran ayuda como Bernabéo, puede ser un gran amigo como Silas o un gran compañero como Timoteo. No se trata siempre de estar delante. Y debemos entender que aunque algunos estén delante y otros estén más en segundo plano, el único protagonista de esta historia es Jesucristo, el Señor. Sí, el Señor por su soberana voluntad hizo destacar a hombres como Juan el Bautista, hizo destacar a hombres como Pablo, hizo destacar a hombres como Pedro. Pero, amados hermanos, el libro de Hechos nos mostrará matrimonios, nos hablará de gente como Priscila y Aquila, que tuvieron una función maravillosa en la expansión del evangelio. No debemos buscar posiciones de destaque. Debemos buscar servir donde el Señor quiera que sirvamos con los dones que Dios nos ha dado. que sea que sea más visible o menos visible, lo importante es que todo lo hagamos para el Señor, pues del Señor recibiremos la recompensa. Bernabé puede parecer aquí solo el hijo de consolación que vendió un terreno y lo dio a los apóstoles. Pero en el libro de Hechos veremos varias cosas en Bernabé. Veremos, por ejemplo, que Bernabé introdujo a Pablo, a los demás apóstoles en Jerusalén. ¿Sabían ustedes? Los demás apóstoles desconfiaban de la llegada de Pablo. ¿Ustedes no creen que muchos pensarían, "¿Y si es un judío encubierto que viene a hacernos daño? Él ya ha matado a muchos. Él ha perseguido a la iglesia y sí está fingiendo una conversión. Y si está fingiendo un encuentro con el Señor. Y si quiere entrar dentro y revelar nuestros lugares y dónde estamos y dónde nos ubicamos y luego avisar a la policía y que vengan y nos maten a todos. Habría miedo. Y sabes quién intercedió, sabes quién dijo, "No, yo lo he visto. Ahora está predicando a los judíos. Ahora está arriesgándose en las sinagogas. Está dando su vida por Cristo. No fue Pablo y su voz. Fue Bernabé el que convenció a los apóstoles a dar un voto de confianza en lo que Dios estaba haciendo con Pablo. Además, Bernabé se volvería líder de la iglesia en Antioquía. Su buen testimonio, su dedicación al Señor, su fe evidente en sus frutos, harían que Bernabé acabase siendo un líder de la iglesia en Antioquía. Además de eso, cuando Pablo es enviado por los por los apóstoles a las misiones en su primer viaje misionero, el Espíritu Santo no le dice a los apóstoles, "Separadme a Pablo para la misión." No, los apóstoles estaban orando, ayunando, ministrando al Señor y el Espíritu Santo dijo, "Separadme a Bernabé y a Saulo para la misión." Fue Dios quien escogió a Bernabé como el primer compañero de viaje en las misiones del apóstol Pablo. Incluso tuvieron que separarse porque llegó un momento donde Pablo se negó a ir con un hombre. ¿Saben quién? Juan Marcos, Pablo se negó a ir con él. No sabemos el motivo. Pablo algo vio que no le cuadraba en él. No lo vería preparado. Lo vería quizá un hombre que hoy está, mañana. Con pocas convicciones. Y Bernabé insistió a Pablo. Vamos con él, venga que nos lo llevamos, que será bueno traerlo. Y Pablo firme ahí, no me llevo a Juan Marcos. Eso nos enseña que siempre habrán disputas en medio del pueblo de Dios. Siempre pueden pasar cosas. Nuestro corazón, obviamente tiene que tender a la reconciliación, al perdón, a la gracia, a la compasión, a la misericordia. No podemos tener una utopía en la cabeza de una iglesia que solo vamos a vivir en la gloria. Hay muchas personas que llegan a la iglesia con la utopía de la iglesia perfecta. Y mira, amado hermano, no puedes vivir con la utopía del país perfecto, con la utopía del matrimonio perfecto, con la utopía de la familia perfecta, con la utopía de la iglesia perfecta. ¿Por qué eso no es real? Porque mientras vivamos en un mundo donde el pecado está presente, esa utopía no será real. Tienes que aprender a convivir con tus hermanos, con tu familia, con tus compañeros de trabajo y en esta sociedad a pesar de esas cosas. Dios no nos enseñó a vivir en una sociedad sin pecado, nos enseñó a vivir en una sociedad a pesar del pecado. Y debemos entender eso, hermanos. Esa es una realidad. Habían conflictos y finalmente Pablo y Bernabé se separan porque Bernabé no quiere dejar tirado a Juan Marcos. Y es bonito. ¿Por qué? Porque Bernabé se podía haber ido con el famoso. Ya Pablo tenía reputación, pero sabes con quién se va, con el que Pablo no quiere, con el más nuevo, con el torpe. Ahí vemos lo que es un hijo de consolación. Bernabé podía pensar, Pablo no me necesita. Pablo se apaña con cualquiera. Pablo ya puede solo. Pablo es fuerte. Pero Juan Marcos, si lo dejamos tirado, ¿cómo cómo va a pensar? Si ahora me acerco a Juan Marcos y le digo, "Juan Marcos, Pablo no te quiere. Dice que no vales para la misión. A lo mejor se viene abajo." Y Bernabé se queda con Juan Marcos, pasa tiempo con Juan Marcos. ¿Y sabes qué? Juan Marcos acaba siendo útil para el ministerio y acaba siendo útil para Pablo porque alguien como Bernabé decidió dedicar tiempo al que Pablo no quiso. ¿Has visto? Pablo no era perfecto. Y Marcos finalmente es útil para Pablo. Pero, ¿quién le dedicó tiempo a Marcos? ¿Quién intercedió por Pablo? Sí, amados hermanos, Pablo es el rey para todos. es el que escribió más libros, el que plantó más iglesias. Pero Pablo empezó con la ayuda de Bernabé. Marcos empezó con la ayuda de Bernabé. Seguramente Bernabé llegó al cielo y Dios le dijo, "Buen siervo y fiel, en lo poco has sido fiel, en lo mucho te pondré." A lo mejor, en vez de orar para ser un Pablo, deberíamos orar para ser un Bernabé, decir, "Señor, ¿sabes qué? Yo no tengo esos dones, pero claramente a él lo estás usando. Déjame ser una ayuda porque se va a venir abajo, se va a poner triste. Déjame ser alguien que le levanta los brazos. ¿Recuerdan Moisés en una batalla orando? Que mientras Moisés tenía los brazos levantados, Israel prevalecía. Pero, ¿qué le pasaba a los brazos de Moisés? Se cansan. Y todo el mundo piensa en Moisés, pero esa guerra no la luchó solo, porque Moisés se cansa, los brazos se vienen abajo, pero dos hombres llegaron no a ser los que más destacaron y solo hicieron una cosa. Uno sostenía un brazo, otro sostenía otro y finalmente Dios dio la victoria. Todos quieren ser Moisés, pero algunos pueden ser el que sostiene los brazos de Moisés. Lo que quiero decir es que no se trata de lo que yo quiero ser, se trata de lo que Dios quiere que sea. Y cualquier cosa que haga para el Señor será de la misma manera vista como honrosa delante del Dios todopoderoso. Así que dejamos a un lado a Bernabé, el hijo de consolación, el que refleja el carácter de la iglesia, habiendo vendido un terreno y poniéndolo a disposición. Y ahora vamos a ver a unos personajes totalmente distintos. Por eso he querido empezar con Bernabé. Por eso no he querido terminar el capítulo 4 la semana pasada, sino empezar con Bernabé. Porque el contraste de Bernabé lo vamos a ver ahora con un matrimonio, Ananías y Safira. Entramos entonces en Hechos capítulo 5 y los versículos 1 y 2. Dice, "Pero cierto hombre llamado Ananías con Zafira su mujer, vendió una propiedad y se quedó con parte del precio, sabiéndolo también su mujer, y trayendo la otra parte, la puso a los pies de los apóstoles." Ananías y Safira vendieron una propiedad, recibieron una herencia, vendieron, perdón, una propiedad. Y de todo lo que recaudaron de esa propiedad, ellos en casa tuvieron una charla, hablaron entre ellos y se pusieron de acuerdo en decir, "Mira, no vamos a dar todo esto. Quizá era mucha cantidad, quizá era mucho dinero, quizá era un precio elevado. Y tanto Ananías y Safira tuvieron una conversación privada, pero dice el texto que los dos estaban de acuerdo, que los dos sabían de esto y decidieron sacar una parte del precio y llegar a los apóstoles con una parte y ellos quedarse la otra. Ahora, ¿qué de malo hay en eso? ¿Qué de malo hay? Aparentemente nada, ¿no? Aparentemente nada. ¿Por qué? Porque lo que yo veo aquí es un matrimonio que está dando una parte de algo que ha vendido. Es decir, si tú a lo mejor vendieras algo o recibes algo y dices, "Mira, pastor, he querido traer esto, una parte a la iglesia, yo no te voy a mirar y decir, a ver, hermano, o todo nada, eh, aquí o me traes la herencia completa o de qué vas." Yo no voy a decir eso, eh, oye, gloria a Dios. La Biblia dice que cada uno de como propuso en su corazón. La Biblia dice que cada uno dé con alegría porque Dios ama al dador alegre, no por obligación. Entonces, ¿qué de malo hay? ¿Qué de malo hay? ¿Por qué pasó esta desgracia con Ananías y Safira? ¿Por qué pasó esto si no tiene nada de malo? Si la regla en la iglesia era dar lo que cada uno disponía. El problema entonces está en el corazón, no está en la cantidad que dieron, no está en la cantidad, porque luego vamos a ver que mintieron. El problema de ellos y lo que veremos es que Pedro los va a acusar de haber mentido. Pedro les va a decir, "No habéis mentido a los hombres, habéis mentido a Dios." Y cuando Pedro dice que han mentido, revela algo. Vendieron una parte del precio, pero seguramente no dijeron que era una parte, porque dar una parte no tenía nada de malo, no era obligatorio dar todo. Pero si Pedro dice que el problema es que han mentido, la cuestión entonces es que seguramente llegaron y dijeron, "Esto es todo lo que hemos recaudado. Esto es todo lo que hemos obtenido y queremos poner todo para la iglesia. Quiero dar todo a la obra, quiero dar todo al Señor." Y ahí vemos cuál fue el pecado. El pecado no fue dar una parte. Yo veo dos pecados aquí, dos pecados que quiero mencionar y que Dios nos libre en el corazón de ellos. En primer lugar, ellos revelaron la condición de su corazón. En Colosenses 3:5 dice, "Por tanto, considerad los miembros de vuestro cuerpo terrenal como muertos a la fornicación, a las pasiones, a los malos deseos y a la avaricia que es idolatría." Ellos empezaron a mostrar un pecado interno. Ellos revelaron con esa actitud condición de su corazón. ¿Y cuál era? un corazón que tenía el mayor mal de todos. Primera de Timoteo, capítulo 6 y versículo 10. El apóstol Pablo dice, "Porque la raíz de todos los males es el amor al dinero, por el cual conociéndolo, algunos se extraviaron de la fe y se torturaron con muchos dolores." Una enseñanza clara del Señor Jesús en Mateo 6:24 es, "Nadie puede servir a dos señores. O agradará uno y decepcionará al otro, o agradará este y aborrecerá a este. No podéis servir a Dios y a las riquezas. En el Nuevo Testamento, la falsa deidad con la que más compite Dios, ¿sabes cuál es? El dinero. Cuando leemos el Antiguo Testamento, vemos a Baal, ¿verdad? Vemos todo el tiempo a Israel torciéndose a Baal, a falsos dioses. Pero cuando vemos el Nuevo Testamento, no vemos a Baal, ya no vemos a a Cera. Lo que más vemos es el dinero. Constantemente. Advertencias de guarda tu corazón, de amar el dinero. ¿Recuerdan el joven rico? ¿Lo recuerdan? Maestro bueno, maestro bueno, ¿qué haré para ganar la vida eterna? ¿Conoces la ley? Y qué dice, "No solo la conozco, sino que la he guardado desde mi juventud." tú. Y entonces el Señor Jesús que le dice, "Está todo bien, todo has hecho lo más complicado, hazlo más fácil, vende todo lo que tienes, dalo a los pobres y vente conmigo." Y en este contexto que leemos, que se fue triste porque tenía muchas posesiones, se fue triste porque tenía muchos bienes. Jesús advierte del amor al dinero. Jesús advierte con la parábola del joven rico. Jesús también dice, ¿qué? No hagáis tesoros en la tierra donde la polilla, donde el ollín lo corrompe todo. Haceos tesoros en el cielo constantemente. Jesús dice, "Porque donde está tu tesoro está tu corazón." Y lo que estaba revelando Ananías y Safira era dónde estaba su corazón verdaderamente. Ellos profesaban ser de Cristo, ellos profesaban ser discípulos, pero ellos habían puesto su corazón en el dinero. Así que el primer pecado que vemos reflejado en la actitud de Ananías y Safira es el amor al dinero, elevar el dinero a la estatura de un Señor. Y hermano amado, te pido en el nombre del Señor Jesucristo, guarda tu corazón de elevar el dinero a que sea tu Señor. Que sea Cristo tu mayor gozo, que sea Cristo tu mayor paz, que sea Cristo tu mayor alegría. Que lo que te da sensación de seguridad no sea el dinero que llega a fin de mes, sino el Cristo que va delante de ti. Que Cristo sea tu único Señor, porque todos nuestros corazones están sujetos a desviarse a otros ídolos. Pero el segundo pecado que veo aquí y espero que puedan verlo también con claridad, en el sermón del monte, Jesús dijo en el capítulo 6, "Guardaos de practicar vuestra justicia para ser vista delante de los hombres." ¿Recuerdan? ¿Recuerdan cuando decía cosas como si vas a dar una un donativo, si vas a dar una limosna, no toques trompeta, que tu mano derecha no sepa lo que ha hecho tu mano izquierda? En esa advertencia está el corazón que quiere dar para ser visto, que quiere dar para ser reconocido. ¿Y qué veo aquí? Veo hipocresía religiosa. ¿Por qué? Ellos tenían que dar todo, ¿no? Había algo de malo si llegaban y decían a los apóstoles, "Mirad, hemos vendido esto y hemos decidido ofrendar todo esto." ¿Había algo de malo? No, porque no tenían por qué ofrendar nada. No había un mandato obligatorio de tienes que hacerlo. Podían simplemente llegar y decir, "Mira, he vendido esto, he sacado esta parte, con mi mujer, hemos llegado a un acuerdo y queremos dar esto a la iglesia." Oye, ¿qué habría dicho los apóstoles? Muchas gracias. Gracias por la generosidad porque porque no teníais por qué dar nada y habéis querido dar una parte. Pero ellos mintieron porque ellos llegaron diciendo que mira, hemos vendido y esto es todo. Queremos dar todo para la obra. Queremos dar todo para el Señor. Querieron, querían lucir, querían exhibir su espiritualidad, querían decirles, "Yo no tengo amor por el dinero. Yo soy el gran donador en la iglesia. Yo soy un ejemplo para otros que no quieren dar nada. Yo sí doy. Yo lo doy todo." Querían exhibir algo que no era real. Querían alardear. Y hermano amado, algo que me enseña la escritura. Si quieres alardear, recibirás aplausos, pero no de Dios, de los hombres. El Señor Jesús dice que el que quiere practicar su justicia para ser visto por los hombres recibirá su recompensa. ¿Sabes qué quiere decir el Señor Jesús? que si lo que quieres es impresionar a las personas, es fácil y lo vas a recibir. Si quieres que la gente te vea como el gran espiritual sin serlo, lo vas a conseguir. Si quieres que la gente te vea como el gran hombre de Dios o la gran mujer de Dios, lo vas a conseguir, porque la gente solo va a ver lo que tú le enseñas un rato y los vas a convencer y de ellos recibirás tu recompensa. Pero Jesús dice, "Claro, pero no de tu padre que está en los cielos." La gran pregunta es, ¿de quién queremos la aprobación, amados hermanos? ¿Quién queremos que esté conforme con lo que hago? ¿Quién queremos que esté conforme con las decisiones que tomo? ¿Quién queremos que esté conforme con nuestras actitudes? Sí, dar buen testimonio es importante, pero agradar a Dios es nuestro fundamento. Yo no quiero que los hombres me vean como alguien espiritual si no lo soy. Quiero que Dios se complazca en mi manera de ser, que Dios se complazca en mis actitudes, que Dios se complazca en mi corazón, que Dios se agrade manera de conducirme. Convencer a una iglesia de ser un gran hombre de Dios es fácil. Es subir aquí, estar siempre presente en los cultos, predicar con pasión, hablar la palabra, acercarse a ellos, saludar a todas las personas. Oh, qué pastor bueno tenemos. Saluda siempre que puede a todos. Va corriendo por la sala saludando, quiere saludar a cada uno. Eso no lo hacen todos. Pero, ¿y si yo lo hago solo para ese comentario? ¿Y si no lo hago de corazón? ¿Y si mi deseo no es saludaros? Sino que la gente diga, "No, ¿cómo es él?" Eso solo yo lo sé, ¿verdad? Vosotros os lleváis el saludo de decir, "Oye, una iglesia grande y corre por la sala intentando saludar." Vosotros os lleváis eso, pero yo solo sé la verdadera motivación de mi corazón. Solo yo, y amado hermano, por eso digo, es fácil, es fácil complacer a los hombres, pero la pregunta es, ¿de quién quiero la recompensa? ¿De quién quiero el aplauso? ¿De quién quiero la sonrisa? ¿De quién quiero la aprobación? La pregunta es, ¿te conformas con que la gente te alabe? Pero llegar a casa y que Dios diga, "Eres un vil hipócrita como los escribas y fariseos." Hermano, ese fue el segundo pecado de Ananías y Safira. Quisieron alardear de algo que no eran. Quisieron exhibir lo que no tenían. Quisieron mostrar lo que no era real. Así que también les digo y me digo en el nombre del Señor Jesús, guardemos nuestros corazones de querer alardear nuestra fe. Guardemos nuestros corazones de querer exhibir una vida espiritual que no es real. Guardemos nuestros corazones de querer exhibir una espiritualidad que no es consistente en nuestra vida privada. Ese fue el pecado de Ananías y Safira. Pero seguramente alguien estaba escuchando su conversación. Alguien estaba cerca de ellos escuchando de lo que hablaban. Un enemigo feroz que tenemos todos nosotros. En Hechos 5, el versículo 3, dice, "Más Pedro dijo, Ananías, ¿por qué ha llenado Satanás tu corazón para mentir al Espíritu Santo y quedarte con parte del precio del terreno?" Ahora Pedro menciona un participante. Pedro menciona a alguien que ha participado en esto. Pedro pregunta, Ananías, ¿por qué ha llenado Satanás tu corazón para mentir al Espíritu Santo? Hermanos amados, Satanás es real. Satanás existe, Satanás no juega. Yo no quiero decir que Satanás tiene la culpa de lo que pasó aquí, porque la Biblia dice que cada uno es tentado de sus propias concupiscencias. Yo siempre lo veré de esta manera. Satanás no peca por mí, pero Satanás ayuda a que mi pecado sea peor. Satanás colabora con mi pecado. Yo peco. Pero lo voy a plantear de esta manera. Cuando Ananías y Safira se juntaron a hablar, no descartamos que Satanás podía susurrar al oído. ¿Por qué darlo todo? Es mucho. Si os quedáis una parte ni se nota. Es tanta la cantidad que si dais solo una parte parece que lo dais todo porque habéis sacado un gran pellizco. El pecado es de Ananías y Safira. El pecado es la codicia de su corazón. El pecado es su amor al dinero, pero Satanás participa con tentaciones. El libro de Efesios dice, "Vestíos de toda armadura de Dios para que podáis estar firmes contra las insidias del diablo." El tiene insidias. La Biblia dice, "No se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo." ¿Se puede dar lugar al cuando prolongamos el enojo en el corazón? La Biblia dice, "Marido y mujer, no os neguéis el uno al otro a ser por un periodo corto de tiempo, de mutuo acuerdo y para buscar al Señor, no sea que Satanás ostiente. Satanás puede tentar a un matrimonio que se priva de intimidad. Cuando hay roces en la iglesia, la Biblia dice, "Poneos de acuerdo para que Satanás no tome ventaja." Satanás puede aprovechar momentos de tensión y discordia en la iglesia para meter más cizaña y que el golpe sea más grande. Y así podemos seguir con muchas referencias. Amado hermano, Satanás te odia. Satanás odia que estés bien con Dios. Satanás odia que tu matrimonio esté bien y Satanás odia que estés bien con la iglesia. Y junto a tu corazón, ese feroz enemigo va a sembrar cizaña, va a tirar sus dardos envenenados, va a jugar con sus sucias estrategias para intentar provocar que el golpe de lo que está pasando sea todavía más fuerte. Satanás estuvo presente en la tentación. Nosotros tenemos un llamado en medio de todo esto. Santiago 4:7 dice, "Por tanto, someteos a Dios, resistid pues al y él huirá de vosotros." Amados hermanos, somos llamados a resistir a Satanás. ¿Y cómo resisto al No dice que esté orando diciendo, "Yo reprendo todo espíritu de lujuria. Yo reprendo todo espíritu de mentira. Yo reprendo todo espíritu de engaño." Yo no no es no es lo que dice Santiago. Santiago dice, "Someteos pues a Dios." La manera de no sucumbir al es hacer la voluntad de Dios. Por ejemplo, imagínate que tu cabeza está empezando a pensar cosas que son contrarias a la voluntad de Dios. Pensar mal de tu esposo, pensar mal de tu esposa, pensar mal de tus padres, pensar mal de tus hermanos, de tus pastores. Y tú sabes porque conoces Biblia que eso no viene de Dios. Entonces, ¿cómo resisto al a sus artimañas, a sus dardos envenenados y lucho incluso contra mi propia carne? ¿Qué dice la Biblia? Todo lo bueno, todo lo justo, todo lo que es digno de alabanza. En eso pensad. Y cómo combato yo esos dardos sometiéndome a lo que Dios dice, voy a centrar mi mente en lo que Dios dice que debo pensar. Tú decides si das rienda suelta a lo que está pasando en tu cabeza o si te sometes a Dios y finalmente el huirá de ti. Las propias luchas de tu corazón junto las artimañas de Satanás solo pueden vencerse sometiendo nuestra vida a la voluntad de Dios. Yo sufro muchos ataques cada año. Hay una realidad que no quiero que la tomen como algo místico. Para mí es una vivencia personal. Ser pastor considero que es ser un foco de ataque de las artimañas del enemigo. Creo firmemente que si tú caes será doloroso y podremos restaurarte con fuerzas. Pero creo firmemente que si caigo yo en pecado grave, el golpe para la iglesia será mucho mayor. Creo que si yo tomo decisiones difíciles, precipitadas, hago cosas equivocadas, el golpe a la iglesia será mucho mayor. Cuando hablando del Señor Jesús, la Biblia dice, "Heriré al pastor y las ovejas se dispersarán." Yo creo que hay un principio. Si yo tumbo al pastor, si hago caer al pastor, si hago renunciar al pastor, el zarandeo en la congregación será mucho mayor. Y creo que por eso salimos o personalmente yo cada semana abatido. ¿Saben los pensamientos que pasan por mi cabeza cada vez que salgo del púlpito? Las preguntas que le hago a mi esposa, las cosas con las que combato en el corazón. Y no es victimizarme. Yo sé que conviviré con eso el resto de mi vida, pero quiero que sean conscientes de que la lucha es real. ¿Y cómo combato yo eso? Estudio la palabra y simplemente me digo, "No tengo que hacer lo que siento, no tengo que hacer lo que pienso, tengo que hacer la voluntad de Dios. Y si mi corazón me dice A, pero Dios dice B, yo haré B, porque Dios vale más que mi corazón. Y si mi mente me dice derecha, pero Dios me dice izquierda, yo iré izquierda, porque Dios vale más que mi mente. Hermano, esas luchas tú también las puedes tener en mayor o menor escala, en relación a tu trabajo, en relación a tu matrimonio, en relación a tu congregación, en relación a tus hermanos, a tus amigos, muchas cosas. Pero solo te doy un consejo. Cuando tu vida te diga A, pero Dios te diga B. Si eres de Cristo, sométete a Dios y haz su voluntad. Y finalmente Dios te ayudará en esa debilidad. La manera de resistir al es sometiéndonos a la voluntad del Dios todopoderoso. El versículo 4 de Hechos 5 nos muestra que la ofensa no fue contra cualquiera. Porque Hechos 5:4 sigue diciendo, "Mientras estaba sin venderse, no te pertenecía y después de vendida no estaba bajo tu poder. ¿Por qué concebiste este asunto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios. Pedro, movido por el Espíritu Santo, le dice Ananías que ha mentido a Dios, pero recuerdan lo que le ha dicho en el versículo 3. ¿Por qué has dejado que Satanás llene tu corazón y mientas contra el Espíritu Santo? Y ahora dice, "No has mentido a los hombres, has mentido a Dios. Conclusión, el Espíritu Santo es Dios. Si el versículo 3 dice, "No has mentido a los has mentido al Espíritu Santo." Y el versículo 4 dice, "Has mentido a Dios." El Espíritu Santo es Dios. No es una fuerza, no es una energía, no es un poder, no es una manifestación, no es un mover, es una persona y es Dios. Y eso nos descarta y nos separa de falsas religiones y sectas anticristianas como los testigos de Jehová, que no heredarán el reino de los cielos. Hay doctrinas secundarias. Podemos convivir con algunas diferencias entre nosotros, pero hay una realidad. Negar que el Espíritu Santo es Dios o negar que Jesús es Dios, eso va contra la fe cristiana. Y no heredarán el reino de los cielos quienes cometan tal blasfemia y herejía. La Biblia es clara cuando habla del Espíritu Santo. Déjame darte algunas referencias. Por ejemplo, en Primera de Timoteo 4:1 dice, "Pero el Espíritu dice claramente, así que vemos al Espíritu que se comunica con la iglesia. El espíritu habla, el espíritu revela, el espíritu da a conocer. Fue el espíritu el que dijo a la iglesia, "Separadme a Bernabé y a Saulo." Entonces, amado hermano, no es una energía lo que habla, no es un poder lo que habla, no es una fuerza lo que habla, es una persona. En primera de Juan, capítulo 5, versículo 6, dice, "Y en el espíritu, y el espíritu es el que da testimonio, porque el espíritu es la verdad. El espíritu da testimonio, el espíritu testifica. Eso no lo hace, repito, una energía. Eso no lo hace una fuerza. Eso no lo hace un poder. Eso lo hace una persona como nosotros cuando fuimos llamados por el Señor a dar testimonio de Cristo. El Espíritu Santo es una persona, es Dios. Además, la Biblia se refiere al Espíritu Santo con pronombres personales. El Espíritu Santo se refiere al Espíritu Santo con un pronombre personal. Además, le otorga al Espíritu Santo atributos que solamente Dios tiene. En Primera de Corintios, capítulo 2 y el versículo 10 dice, "Pero Dios nos las reveló por medio del Espíritu, porque el Espíritu todo lo escudriña." Y solo hay alguien que escudriña mente y corazón. Solo hay alguien que sabe lo que hay dentro de nosotros. Solo hay alguien que puede conocer lo más íntimo de nuestra alma. Dios. La Biblia enseña que Dios escudriña nuestros corazones. Eso también nos muestra que Jesús es Dios. Porque cuando escribas y fariseos tramaban, Jesús dice, "¿Qué estáis maquinando en vuestra mente?" Y la palabra afirmaba que Jesús conocía lo que había en sus corazones. Y ahora la palabra dice que el espíritu todo lo escudriña. El Espíritu Santo es omnisciente. Solo Dios es omnisciente. Otro atributo que el Espíritu Santo comparte con la deidad es su eternidad. En primera eh en Hebreos capítulo 9 y el versículo 14 dice, "Cuánto más la sangre de Cristo, el cual por el espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha delante de Dios. El espíritu eterno. Solo un ser es eterno en la escritura. Solo alguien tiene el atributo de la eternidad en él. Dios. Por lo tanto, todo lo sabe, todo lo puede, escudriña, da testimonio, revela. Es eterno. El Espíritu Santo es Dios. Y tanto es así que en la propia palabra vemos a la Trinidad de Dios junta en más de un pasaje. Déjame darte dos referencias. Mateo capítulo 28 y el versículo 19. Id y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. El Padre es Dios, el Hijo es Dios, el Espíritu Santo es Dios, pero el Padre no es el Hijo, el Hijo no es el Padre, el Hijo no es el espíritu, porque eso sería la herejía modalista unicitaria de los Jesús solos. En segunda de Corintios, capítulo 13 y el versículo 14, mira cómo es la bendición apostólica. Voy a terminar ahora todos los cultos dando esta bendición. hermosa, sin ser apóstol, eh, sin ser apóstol, que nadie piense raro. Pero la bendición apostólica que ofrecían a la iglesia era así: la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Nuevamente, la gracia del Hijo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu sea con todos vosotros. nuevamente el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, incluidos en una misma afirmación para que los creyentes tengan la plena certeza de que el Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios. Por eso Ananías y Safira no podían mentir al Espíritu Santo. ¿Por qué? No puedes mentir a Dios. No puedes mentir a Dios. Y tras esta mentira llega un juicio severo para la iglesia. Versículo 6 al 10 dice así: "Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró y vino un gran temor sobre todos los que lo supieron. Y los jóvenes se levantaron y lo cubrieron y sacándolo le dieron sepultura. Después de un lapso de como 3 horas, entró su mujer, no sabiendo lo que había sucedido. Y Pedro le preguntó, "Dime, ¿vendisteis el terreno en tanto?" Y ella dijo, "Sí, ese fue el precio. Ahí ves que está claro que mintieron." Dice, "Entonces Pedro le dijo, ¿por qué os pusisteis de acuerdo para poner a prueba al Espíritu del Señor? Mira, los pies de los que sepultaron a tu marido están a la puerta y te oyeron y te sacarán también a ti. Al instante ella cayó a los pies de él y expiró. Al entrar los jóvenes la hallaron muerta y la sacaron y le dieron sepultura junto a su marido. Hermanos, ¿esto es el Antiguo Testamento o es el Nuevo Testamento? Repito, estamos en el Antiguo Testamento o el Nuevo Testamento. Jesús ya ha muerto, Jesús ya ha pagado por nuestros pecados. Porque existen algunas personas que consideran que Dios ahora después de Cristo y que la gracia nos alcanzó, no trae juicios severos. Jesús ha muerto, ha pagado por nuestros pecados en la cruz derramó su sangre y Dios acaba de matar. No ha sido Pedro, ¿eh? Sería un infarto fulminante. Solo dice que en un instante expiraron. Lo que me viene a mí a la mente es un infarto fulminante que se deje que deje de latir el corazón. Algo que los desplomó repentinamente. Pero hay una cosa que es cierta, hermanos, no lo hizo Pedro. No lo hicieron los apóstoles, no lo hizo la iglesia, lo hizo Dios. ¿Recuerdan Primera de Corintios capítulo 11 cuando habla de la cena del Señor? Dice, "Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo y toma así del y coma así de la del pan y beba de la copa. Porque el que come y bebe sin discernir correctamente el cuerpo del Señor, come y bebe juicio para sí." ¿Y qué te y qué sigue diciendo? Por lo tanto, por eso hay muchos débiles y enfermos entre vosotros y muchos duermen. ¿Y qué significa la palabra duermen? Hay hay débiles, hay enfermos y otros están echando la siesta. No, la palabra dormir en la escritura se utiliza para la muerte. Significa que por haber tomado la cena del Señor indignamente, el Señor trajo debilidad a unos, el Señor trajo enfermedad a otros y en su soberana voluntad el Señor trajo muerte a algunos. Hermano, dos cosas tienes que saber de Dios. Me gusta cómo lo expresa Romanos capítulo 11 y el versículo 22. Mira pues la bondad y la severidad de Dios. Severidad para con los que cayeron, pero para ti bondad de Dios y permaneces en su bondad, de lo contrario, tú también serás cortado. ¿Qué quiere Pablo que miremos? La bondad de Dios, el amor de Dios, la misericordia de Dios. Sí, pero no solo eso. ¿Qué quiere Pablo que miremos? Mira pues la bondad y la severidad de Dios. Hermano, tú tienes que tener una visión completa de Dios. Pablo no quiere que solo veamos la bondad de Dios, quiere que veamos su bondad y su severidad. Cuando nosotros hemos leído el libro de Hechos, Dios ha libertado de la prisión ya a gente, ¿sí o no? Sí. Dios ha hecho multiplicarse la iglesia con muchas conversiones, ¿sí o no? Sí. Dios ha respaldado con señales y milagros a los apóstoles ya curando a un hombre paralítico. ¿Sí o no? Sí. Estamos viendo la bondad de Dios, ¿no? Pero acaba de ser Dios el que por una mentira, un pecado oculto, ha fulminado un matrimonio. Ahora, Dios no ha mostrado su bondad, solamente ha mostrado su severidad. En pocas palabras, Dios le está diciendo a la iglesia, "Soy muy bueno, pero no se juega conmigo. Soy muy bueno, pero no se juega conmigo." La Biblia afirma que Dios es amor y es fuego consumidor. No podemos tener solo una parte de la imagen de Dios. El Señor castigó a este matrimonio para mostrar que sigue siendo santo, que sigue viendo todo, que ve chisme, cada comentario inapropiado, cada WhatsApp inapropiado, cada deseo malo del corazón, cada acto de inmoralidad, que Dios lo ve todo. Y mira, no lo vio Pedro, no lo vieron los apóstoles, no lo vio la iglesia. Y déjame decirte, hermano, aquí nadie lo va a ver, pero recuerda que quien lo ve fulminó a Ananías y Safira, que quien lo ve fulminó a gente por tomar la cena del Señor indignamente. que el Dios santo del antiguo pacto es el Dios santo del nuevo pacto, que Dios es el mismo ayer, hoy y siempre, que su misericordia es extraordinaria, que su bondad es inmensa, que su amor es incomparable, pero su severidad y su justicia es real y que muchas veces tolera muchas cosas, pero él es Dios y si un día decide, "Hasta aquí ya no tolero más y pongo juicio, él lo puede hacer. Yo no quiero que te pase y no quiero que te lo tomes como una amenaza, pero quiero que te lo tomes como una realidad. Dios es bueno y Dios es severo porque Dios es santo y quiere a una iglesia santa. ¿Sabes qué está haciendo Dios con esto? Está cuidando la santidad de su iglesia. Dios está cuidando la santidad de su iglesia. Dios está cuidando que su iglesia no camine de cualquier manera. Y déjame decirte una cosa, muchos juicios de Dios tienen un propósito, que la Iglesia le dé la gloria, que la Iglesia refleje la santidad de Dios. Porque, ¿qué trajo esto? ¿Qué pasó con Ananías y Safira? Murieron. Pero, ¿qué pasó con la iglesia? Terminamos con el versículo 11 de Hechos 5 y dice, "Y vino un gran temor sobre toda la iglesia y sobre todos los que supieron estas cosas. ¿Qué vino sobre la iglesia? A mí me hace mucha gracia que personas me dicen, "No debemos temer a Dios." Porque es verdad, el perfecto amor echa fuera todo temor. Pero, ¿qué vino sobre la iglesia? Un gran temor. Déjame decirte otra cosa. Cuando Pablo le dice a los filipenses, "Cuidad vuestra salvación," ¿cómo dice que lo hagamos? con temor y temblor. Según las Escrituras, ¿cuál es el principio de la sabiduría? El temor al Señor. Según Eclesiastés, ¿cuál es el fin de todo discurso? Teme a Dios y guarda sus mandamientos. Déjame decirte algo. Dios quiere que lo ames, pero Dios quiere que nuestros corazones tengan un santo temor de Dios. Toda la escritura lo refleja. Toda la escritura lo refleja. Y sabes qué, seguro que después de lo de Ananías y Safira, el que fuera a mentir se lo pensó dos veces, ¿no? Oye, ¿qué les pasó? ¿No? Que mintieron, que dijeron que habían vendido y dieron todo y era mentira, dieron solo una parte. Y a lo mejor uno le dijo a la mujer, "Niña, quita eso." No, déjalo que les íbamos a decir lo mismo. Puede pasar. El apóstol Pablo en algunas ocasiones cuando habla de la disciplina en la iglesia dice, "Para que se avergüencen y para que la iglesia tenga temor de pecar también." Hermano, ¿sabías que la disciplina en la iglesia tiene como fin que el resto de la iglesia sepa que Dios se toma en serio? Y te digo una cosa y llego ya a la conclusión del mensaje de hoy. Hay muchas iglesias donde no hay disciplina. Hay muchas iglesias donde llamarán legalismo a cualquier búsqueda de santidad. Hay falsas iglesias también que harán sentir a la cabra como una oveja. Si quieres una iglesia donde no haya temor de Dios, una iglesia donde no se infunda la santidad de Dios, te digo una noticia, la vas a encontrar y te van a convencer que cualquier iglesia que busca santidad y reverencia a Dios es algo relacionado con legalismo, que no saben ni lo que significa y lo usan de una manera peyorativa. Pero yo tengo una decisión que tomar como pastor. Cuando yo vi partir al pastor John McArthur estos días, una cosa valoré de él. Nunca dio su brazo a torcer. Incluso en momentos donde todo el mundo estaba encerrado y él decidió seguir haciendo culto, había gente que le parecía bien, gente que le parecía mal. Pero él tenía una frase siempre, la iglesia es de Cristo, no del César. Este hombre fue criticado, eh, cuando el feminismo llegaba a las iglesias y llegaban las pastoras, él se mantuvo firme. El pastorado es para varones. Cuando empezaron a creer, a crecer apóstoles y profetas por Estados Unidos, él se mantuvo firme. Eso no viene de Dios. La gente lo criticaba, lo tacharon de legalista, lo tacharon de machista. lo tacharon de un montón de cosas. Y recuerdo incluso que una vez un supuesto profeta apareció en un culto y le gritó, "Macarzul, tú vas contra el Espíritu Santo. ¿Sabían ustedes que hasta su púlpito era blindado de las amenazas de muerte que tenía? El púlpito de Grace tiene un botón para irse para abajo por una trampilla, preparado para que se agache y vaya para abajo por seguridad. Eso me contaron. Pero en ese púlpito nunca dio su brazo a torcer. Y claro, debemos ser humildes porque si la soberbia está en juego, también podemos disfrazar nuestras convicciones de soberbia o nuestra soberbia de convicciones, mejor dicho. Sí, debemos ser humildes y debemos ser enseñables, pero no importa que se levanten y nos llamen una iglesia legalista, una iglesia santurrona, una iglesia conservadora. Si lo que hacemos lo dice la Biblia, no demos el brazo a torcer. Si lo que hacemos tiene respaldo en las Escrituras, no demos el brazo a torcer. Habla Dios de santidad, hablaremos de santidad. Habla Dios de mortificar la carne, hablaremos de mortificar la carne. Habla Dios de que sin santidad nadie verá al Señor. Hablaremos de eso también. Y si otros no lo quieren hacer, que no lo hagan. Pero tomando las palabras de Josué, que el corazón de cada persona de esta iglesia sea firme en esas convicciones y sea capaz de decir que todas las iglesias sirvan a quien quieran servir, pero nosotros y nuestra iglesia serviremos al Señor. Hermano, debemos ser una iglesia que no se deja llevar por comentarios o estaremos doblando nuestros corazones cada año a un comentario nuevo. Habrán opiniones que nos dejarán tristes y algunas de gente que amamos. Pero si todo lo que enseñamos tiene fundamento en la Biblia, enseñémoslo con firmeza. Pues como dijo el apóstol Pablo, yo prefiero agradar a Dios antes que a los hombres, porque si quisiera agradar a los hombres, no sería un siervo de Jesucristo. No digo esto con pretención ni con soberbia, sino animando a la iglesia a recordar que tenemos un Dios bueno, pero también un Dios santo, que debemos tratarlo con honor, que debemos tratarlo con reverencia, que debemos conducirnos de él, delante de él con santidad y que la santidad nunca está de más. La santidad siempre nos faltará un poco más. Siempre debemos santificarnos más. Es algo que hasta la gloria no terminaremos de alcanzar. Lo haremos con amor, con compasión, con misericordia, ayudándonos unos a otros. Pero como dice Pablo a los tesalonicenses, pues esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación. Amado hermano, Dios había demostrado durante muchos días su amor y apoyo y bondad para con la iglesia, pero este día demostró su santidad y su justicia. Y quiero recordar a todos los que están aquí que nuestro Dios nos ama, que nuestro Dios nos bendice, que nuestro Dios nos ha traído hasta aquí, pero que nuestro Dios sigue siendo santo, que el lema de nuestra iglesia esté fundamentado en el amor de Dios en el evangelio, pero que recordemos las benditas palabras que se deberían grabar en todo corazón y lugar donde se adora al Señor. Santidad al Señor. santidad al Señor. Que Dios nos ayude a ser una iglesia revestida de amor, revestida de compasión, revestida de bondad, pero también una iglesia que unos a otros nos ayudamos y animamos a crecer en santidad. Pues esa es la iglesia, no que Juan Manuel quiere, no que el pastor Marcos quiere, es la iglesia que Dios quiere. Y esta disciplina tenía una finalidad, infundir temor en el corazón de la iglesia y de las personas que habían alrededor para que la gente supiera, Dios es bondadoso, pero Dios es santo. Que no sean mis palabras, sino las de Dios, el Espíritu Santo, las que te convenzan de estas verdades que no son mías, sino de Dios mismo. Vamos a orar. Señor, te damos gracias por tu palabra que nos enseña, que nos consuela, pero también que nos exhorta y que nos desafía. Señor, te pido que como iglesia siempre podamos mirar a Cristo y ver en él, Señor, tu amor, pero también ver en él y en la cruz tu justicia y santidad. Ayúdanos a caminar en amor, en bondad y compasión, pero también ayúdanos a caminar en integridad, en justicia y en piedad. que nos ayudemos unos a otros a crecer en el amor y en las buenas obras. Ayúdanos a ser una mano extendida como la de un Bernabé, un hijo de consolación para todos aquellos que están débiles y juntos fortalecernos los unos a los otros para ser una iglesia no que agrada a los hombres, pero sobre todo una iglesia que te agrada a ti, pues no es nuestra. Tú eres el Señor de la Iglesia. Y te pedimos todo esto en el nombre de Jesús. Amén. Amén. Y amén.

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