Bienvenidos. Hoy analizaremos una de las corrientes más influyentes y a la vez debatidas de la filosofía moral. El consecuencialismo. Para entenderlo, debemos desplazar nuestra mirada de la intención del sujeto hacia el resultado de sus actos. Si alguna vez te has preguntado si el fin justifica los medios, estás entrando en terreno de esta teoría. En este video desgaremos su origen, sus criterios de moralidad y por qué sigue siendo la base de nuestras decisiones políticas y sociales hoy en día. ¿Qué es el consecuencialismo? El consecuencialismo es una postura ética normativa. Esto significa que nos dice cómo debemos actuar, básicamente como si fuera una lista de reglas. Su tesis central es simple, pero radical. La moralidad de una acción depende única y exclusivamente de sus consecuencias. Esto es como tener una forma de pensar de que dejar de enfocarnos tanto en la intención con la que vamos a hacer una acción, sino poner más atención en lo que realmente pasará después de realizar esa acción. O sea, básicamente las consecuencias que vamos a tener. A diferencia de las éticas de la virtud como la de Aristóteles o las éticas del deber como la de Kant, aquí no importa si eres buena o mala persona o si sigues una ley sagrada. Lo que importa es el estado de cosas que dejas en el mundo después de actuar. Es una ética teleológica del griego telos, que significa fin o propósito. Realmente en esta ética no importa si eres buena o mala persona o si tus intenciones al realizar una acción son buenas o malas, simplemente lo que va a dejar marcado es la consecuencia o lo que va a pasar después de realizar dicha acción. Origen e historia. La ilustración. Aunque hay raíces en el hedonismo antiguo, el consecuencialismo moderno nace como un proyecto de reforma social en la Inglaterra de los siglos XVI y XIX. Los filósofos llamados radicales filosóficos buscaban una ética racional que no dependiera de la religión ni de la tradición, sino en basarse en hechos observables. Su objetivo era práctico. ¿Cómo podemos crear leyes que realmente ayuden a la gente? Así nació el utilitarismo, la forma más famosa de consecuencialismo, bajo la premisa de que la mejor acción es la que produce la mayor felicidad para el mayor número. Ellos, en lugar de basarse en la religión o en las reglas estrictas, buscaron una forma de pensar diferente, una que propone algo más práctico, juzgar las acciones por medio de resultados. Y así de esta manera pues poco a poco se fue desarrollando como una manera de tomar decisiones pensando en qué acciones generan mejores consecuencias para la mayoría de personas. Autores relevantes y sus matices. Para empezar, debemos distinguir a tres figuras fundamentales. Como número uno, tenemos a Jeremy Mibeta, el padre del utilitarismo cuantitativo. Para él todos los placeres son iguales en esencia. inventó el cálculo felicífico, un sistema con siete variables: intensidad, duración, certeza, proximidad, fecundidad, pureza y extensión para medir matemáticamente qué decisión tomar. Como segundo tenemos a John Stuart Mill. Él dio un paso más. Argumentó que el cálculo de Bedam era muy simple. Introdujo con la calidad del placer. Mil decía que los placeres intuales y morales eran superiores a los físicos. Para él, la libertad individual es la consecuencia que más felicidad genera a largo plazo. Como tercero tenemos a a G.Em representa el consecuencialismo ideal. Él decía que el placer no es lo único bueno. También está la belleza, el conocimiento y el afecto son bienes en sí mismos y debemos actuar para maximizarlos. Ahora, los criterios, los criterios de la morad, la mecánica. Para que un acto sea considerado perfecto. Bajo esta lupa se debe cumplir con cuatro criterios estrictos. Como número uno tenemos el el valor intrínseco, el cual consiste en definir qué es aquello que consideramos bueno por sí mismo, aquello que buscamos lograr, por qué aportar un valor real sin necesidad de servir para otra cosa. Puede ser la felicidad, la salud, la libertad, el bienestar o cualquier otro elemento que decidamos que es positivo. Como ejemplo, si decidimos que el bien que queremos conseguir es la salud de las personas, este es nuestro valor intrínseco y evaluaremos cada acción según si ayuda o no a protegerla y a mejorarla. Como segundo tenemos la imparcialidad, significa que no podemos darle más importancia al bienestar de unas personas que al de otras por preferencias personales, como lazos afectivos o cualquier otro motivo. Todas las personas afectadas por lo que hagamos tienen el mismo valor moral y debemos actuar como si fuéramos observadores, objetivos y benevolentes. Como ejemplo, si tenemos que organizar el ejemplo de medicinas escasas, no podemos dárselas solo a nuestros familiares o amigos. Tenemos que repartirlas pensando en el bienestar de todos por igual, sin hacer distinciones. Como número tres tenemos la maximización. No basta con hacer algo bueno o beneficioso. Entre todas las opciones posibles que tengamos, estamos obligados a elegir aquella que produzca el mayor bienestar o el mejor resultado posible. Una acción es correcta solo si es la que genera el mayor valor de comparación con las demás alternativas. Como ejemplo, si podemos donar dinero a dos causas, una que ayudará a 10 personas y otra que ayudará a 50, desde este punto de vista es moralmente necesario que elijamos la segunda opción, ya que hay un bien mayor. Cuatro, universalismo. Al evaluar las consecuencias de lo que hacemos, debemos de tener en cuenta a todas las personas o seres que pueden verse afectados, sin limitarnos a un grupo de reducido, nuestra comunidad o nuestro entorno cercano. El resultado se valora pensando en el conjunto de todos los que sufren o se benefician. Como por ejemplo, si planeamos construir una fábrica, no solo debemos fijarnos en que se generará empleo y riqueza para la zona, sino que también en las consecuencias ambientales que afectarán a personas de otras regiones o incluso generaciones futuras. Para nosotros es vital distinguir entre el consecuencialismo del acto que evalúa cada situación de forma aislada y el consecuencialismo de la regla que propone que debemos seguir normas que si todos cumpliéramos traerían el mejor resultado para la sociedad. Sin embargo, esta teoría tiene críticos feroces. Bernard Williams decía que nos quitan nuestra integridad. Y otros argumentan que puede justificar injusticias contra minorías si eso beneficia a la mayoría. Pero, ¿es correcto sacrificar a uno para salvar a 1000? El consecuencialista diría que sí, pero nuestra intuición de justicia a veces nos dice lo contrario. Para poder entender mejor cómo es que funciona el consecuencialismo, les traemos un pequeño dilema para establecer mejor cómo es que actúa en términos de moralidad. Tenemos un escenario. Imaginemos que somos el director de un centro de investigación. Tienes un presupuesto limitado que solo alcanza para una de estas dos opciones. Opción A, curar a un niño que tiene una enfermedad única en el mundo. El tratamiento es carísimo, pero salvará su vida y le dará una vejez plena. Opción B. Financiar una investigación de ciencia básica sobre una proteína común. Esta investigación no curará a nadie hoy, pero generará una base de datos que estadísticamente permitirá que otros científicos desarrollen curas para tres enfermedades distintas en los próximos 50 años, salvando a miles de personas. La respuesta que da el consecuencialismo ante estos dilemas es la siguiente. Mientras que una ética basada en la compensación o en los deberes de cuidado diría que es imperdonable dejar morir al niño que tienes enfrente. El consecuencialismo, sin dudarlo, elegiría la opción B. Esto ya que el beneficio de la opción B se extiende a miles de personas en el futuro frente a una sola persona en el presente. En la suma total de bienestar, miles de vidas superan a una. En otro aspecto, la investigación genera conocimiento que da más beneficios mientras que el tratamiento del niño termina en su propia curación. este los beneficios no se extienden a más. Con este dilema podemos ver una característica importante del consecuencialismo y es que tiene neutralidad temporal. El consecuencialismo no entiende el tiempo como un factor moral. Una vida salvada de dentro de 50 años tiene el mismo valor intrínseco que una vida salvada hoy. En conclusión, el consecuencialismo nos desafía a ser responsables de los efectos reales de nuestras acciones. Es una ética de la eficiencia y la benevolencia universal. Aunque tiene límites difíciles de aceptar. es la herramienta que usamos para diseñar hospitales, leyes de tráfico y políticas económicas. Al final nos obliga a preguntarnos, ¿estamos dejando el mundo un poco mejor de cómo lo encontramos? Gracias por su atención.
Get free YouTube transcripts with timestamps, translation, and download options.
Transcript content is sourced from YouTube's auto-generated captions or AI transcription. All video content belongs to the original creators. Terms of Service · DMCA Contact