3. Postura aristotélico-tomista: la virtud, el bien y el fin último de la acción humana

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Hola, buenas tardes a todos quienes nos ven y nos escuchan allá en casita. El día de hoy les presentaremos la postura aristotélica atomista. Vamos allá. La postura aristotélica atomista es una corriente filosófica que busca explicar qué hace que una acción humana sea moralmente buena o moralmente mala, tomando como base la razón, la naturaleza y la búsqueda del bien. Esta postura une el pensamiento de Aristóteles, filósofo de la antigua Grecia y de Santo Tomás de Aquino, filósofo y teólogo de la media. Aunque surgió hace muchos siglos, sigue siendo muy útil para analizar situaciones actuales y entender por qué ciertas acciones son correctas o incorrectas desde una perspectiva racional y ética. Además, autores contemporáneos como Ricardo Sada han retomado esa postura para explicar que la moralidad de los actos humanos dependen de elementos como la bondad intrínseca del acto, la intencionalidad del sujeto, la conciencia, el contexto y las consecuencias, siempre guiados por la razón moral. A lo largo de esto explicaremos cómo surge esta postura, en qué consiste, cuáles son sus criterios morales y presentaremos ejemplos basados en la actualidad analizados desde esta visión filosófica. Punto uno, origen de la postura aristotélica atomista. Para comprender esta postura, primero debemos retomarnos a la antigua Grecia, aproximadamente en el siglo 4 antes de Cristo, donde surge el pensamiento de Aristóteles. Aristóteles desarrolló una teoría ética en su obra llamada ética a micomático, en la que sostiene que todo ser actúa buscando un fin y que el fin último de la vida humana es la felicidad, también llamada eudainomía. Pero para Aristóteles, la felicidad no significa placer momentáneo ni riqueza, sino vivir de acuerdo con la razón y practicar las virtudes. Entre esas virtudes destacan la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. Estas virtudes ayudan a que las personas actúen correctamente y encuentren un equilibrio entre los extremos. Siglos después, Santo Tomás de Quino retomó esas ideas y las integró con la visión cristiana. Tomás de Aquino afirmó que el ser humano puede conocer el bien mediante la razón. Existe una ley natural inscrita en la naturaleza humana y el fin último del hombre es el bien supremo, que es Dios. Así nació la postura aristotélica atomista que combina la filosofía racional de Aristoteles con la teología moral de Santo Tomás. Dos. ¿En qué consiste la postura aristotélica atomista? La la tomista aristotélica sostiene que una acción es moralmente buena cuando está orientada al bien verdadero del ser humano y está de acuerdo con la razón. Eso significa que la moralidad no depende solo de que una persona quiera hacer, sino de si la acción realmente perfecciona al ser humano y favorece el bien. Por ejemplo, decir la verdad fortalece la confianza y la convivencia, por lo tanto, es bueno robar, romper la justicia y perjudica a otros, por lo tanto, es malo. Esta postura defiende que si existen actos objetivamente buenos y malos, ¿por qué? Porque algunas de esas acciones ayudan al desarrollo humano y otras lo destruyen. Tres, los criterios morales según la postura aristotélica atomista. La moralidad de una acción puede analizarse mediante varios criterios. Autores como Ricardo Sada explican que para valorar moralmente un acto deben considerarse la bondad intrínseca del acto, la intersonalidad del sujeto, la conciencia, el contexto y las consecuencias. Bondad intrínseca de los actos. La bondad intrínseca se refiere a la naturaleza misma de la acción, es decir, si el acto en sí mismo es bueno o malo. Por ejemplo, ayudar a alguien intrínsecamente es bueno, mentir o robar intrínsecamente es malo. Esto significa que hay acciones que por su propia naturaleza son correctas, mientras que otras son incorrectas, aunque se quieran justificar. Desde esta postura, no todo acto puede justificarse por un buen fin, porque algunos actos son malos por sí mismo. Intencionalidad de los sujetos. La intención es el motivo por el cual una persona actúa. Por ejemplo, donar dinero para ayudar es una intención buena, mientras que donar dinero para aparentar superioridad es una intención mala. La intención influye en la moralidad, pero una buena intención no convierte en bueno un acto malo. Por eso se afirma que el fin no justifica los medios. Conciencia moral y epistemológica. La conciencia moral es la capacidad de la persona para reconocer si una acción está bien o está mal. En ese juicio interior nos permite reflexionar antes de actuar y preguntarnos si lo que vamos a hacer es correcto. Sin embargo, desde una visión más profunda también podemos hablar de la conciencia epistemológica, que se refiere al grado de conocimiento y comprensión que tiene una persona sobre la realidad y sobre las consecuencias de sus actos. Es decir, no importa si una persona actúa, sino también que sabe sobre lo que está haciendo. Desde la epistemología, la conciencia implica que el sujeto comprende la naturaleza de su acción, reconoce sus implicaciones y tiene conocimiento racional para juzgar si esa acción es correcta o incorrecta. Esto es importante porque la responsabilidad moral aumenta cuando una persona sabe perfectamente que está actuando mal. Por ejemplo, no es lo mismo equivocarse por ignorancia que actuar conscientemente sabiendo que se perjudica a otros. Desde la postura aristotélico atomista, la conciencia debe estar formada por la razón y orientada hacia la verdad. Por eso, una conciencia moral correcta no solo se basa en el sentimiento, sino en la conciencia racional del bien y del mal. El contexto son las circunstancias que rodean la acción. Cuando ocurre, cómo ocurre, quiénes están involucrados. El contexto puede hacer que una acción sea más grave o menos grave, aunque no cambia la naturaleza moral del acto. Por ejemplo, una mentira que perjudica a muchas personas es más grave que una mentira pequeña. Consecuencias. Las consecuencias son efectos que produce una acción. Si una acción genera daño, injusticia o sufrimiento, sus consecuencias agravan su moralidad negativa. Sin embargo, las consecuencias no son el único criterio, se analizan junto con la naturaleza del acto y la intención. Como primer ejemplo actual tenemos la corrupción política. Cuando un funcionario roba dinero destinado a hospitales, su bondad intrínseca es robar recursos públicos es malo por sí mismo. Su intencionalidad busca un beneficio personal. Como consecuencia, el funcionario sabe que está perjudicando a otros. Bajo su contexto, se trata de recursos destinados al Ministerar Social. Como consecuencias, faltan medicamentos, hospitales y servicios. Por eso, desde esta postura, la corrupción es moralmente mala, porque daña la justicia y el bien común. Segundo ejemplo, ayudar solo para ganar fama. Hoy en día algunas personas ayudan a alguien como son las personas, los influencers, los youtubers, esa gente famosa que conocemos hoy en día en las redes sociales, pero lo graban y lo publican para ganar seguidores. Solamente suelen dar el apoyo y después de grabarlo, algunas veces suelen retirar el apoyo a las personas que ayudaron después de grabar. Bondad intrínseca. Ayudar es bueno. Intencionalidad. Buscar fama o reconocimiento. Conciencia. La persona sabe que usa la necesidad ajena para beneficiarse. El contexto, la ayuda se convierte en exhibición pública y las consecuencias. La persona ayudada puede sentirse humillada. Entonces, aunque ayudar sea algo bueno, la intención egoísta y las consecuencias afectan el valor moral del acto. Por eso este acto se considera moralmente defectuoso, porque no busca verdaderamente el bien del otro, sino busca beneficiarse a sí mismo, pero con ayuda de otra persona. Tercer ejemplo, difundir noticias falsas. Otro ejemplo que vemos muy común en la actualidad es difundir noticias falsas. La bondad intrínseca. Mentir o difundir falsedad es malo. Intencionalidad, buscar atención o manipular. Conciencia muchas veces se comparte sabiendo que puede ser falso. El contexto, las redes sociales amplifican el impacto. Como es hoy en día la IA es una gran influyente en la creación de noticias falsas. Sus consecuencias se genera miedo, confusión y daño social. Nunca sabemos a quién le podemos hacer daño por las noticias falsas que compartimos en redes sociales. Por lo tanto, difundir noticias falsas es moralmente malo porque atenta contra la verdad y perjudica a la sociedad. En conclusión, la postura aristotélico atomista enseña que la moralidad de los actos humanos depende de la bondad intrínseca del acto, la intención, la conciencia, el contexto y las consecuencias. Gracias a Aristóteles, Santo Tomás de Aquino y autores contemporáneos como Ricardo Sada, podemos entender que actuar moralmente bien significa actuar conforme a la razón, buscando el bien verdadero y respetando la dignidad humana. Los ejemplos analizados, la corrupción, la ayuda por fama y las noticias falsas muestran que esta teoría sigue siendo vigente para analizar problemas actuales. Finalmente, esta postura nos recuerda que una acción es moralmente buena cuando el acto, la intención y sus efectos están orientados al bien humano verdadero. No.

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