En los últimos días, la entrevista de Beto en el programa penitense ha generado un intenso debate en redes sociales. Su historia es profundamente incómoda. Un hombre que admite haber cometido actos extremadamente violentos, pero al mismo tiempo escribe una infancia marcada por abuso, maltrato y abandono. Por ello, algunos lo ven únicamente como un criminal que debe ser condenado por lo que hizo y otros justifican sus acciones por la infancia que vivió. Y es que muchos vieron en Beto un niño roto, alguien que no tenía otra opción que cometer secuestros de niños y asesinatos. Según él, solo obedecía órdenes. Pero, ¿hasta qué punto disfrutaba de sus crímenes? ¿Por qué la gente ha sentido más empatía por él que por las propias víctimas? ¿Qué tipo de psicología hay detrás de su comportamiento? Y como el tema es amplio, vamos a dividirlo en cuatro marcos narrativos. Primero, narrativa de empatía, víctima del sistema. Segundo, narrativa de la condena moral, nada justifica lo que hizo. Tercero, debate sobre el propio programa que le da voz. Y cuarto, análisis psicológico detrás de su comportamiento. Así que vamos a empezar el primer punto, escuchando cómo se presenta la infancia en esta historia. Cuéntame desde el principio, cuéntame tu infancia. ¿Qué te puedo decir, manita? Familia. Yo no tengo familia. No. La roca que me tuvo en su vientre me tiró ahí en Talpan, ¿no? Como perro. No, como 15 días de nacido. Ahí en Talpan hay una casa hogar. Ahí me tiró. No, hasta los 5 años que un [ __ ] me adoptó con su esposa ahí del dif No, era un particular, ¿no? Y a los 5 años me adoptaron a mí, el [ __ ] ese y su esposa. No, no nos caen bien. Lo maté. Cuéntame cómo fue tu vida con tus papás adoptivos. Un año nada más duré con ellos. De los 5 años a los 6 años. No, cuando llegamos la primer el primer día a su casa, me compraron unos pescuezos de la rosticería. Y pues yo, chamaco [ __ ] pues no sabía comer, ¿no? Y como nada más le quité el cuerito, pues me dio una ver y me amarró y me encadenó con el perro, ¿no? Y ahí sí estuve un año. Me vio, no años, me partí a mi madre, no me encadenaba, no me picó. Nada más aguanté un año, manita y me salí a la calle. ¿Cuál era su objetivo? ¿Qué te decía? ¿Por qué te Por la culera de su esposa, como no pudo tener hijos, pues yo fui pagador, ¿no? Pero ni pedo. Pues esa es una historia que me tocó vivir nada más. Me salí. ¿Te lograste escapar a los 6 años? ¿Cómo lograste escapar? Me mandaron por una asostadas. Era un 15 de septiembre y la señora que le ayudaba a la ruca esa no fue y bien desesperada y con miedo de que ese güey le daba en su madre, también le pegaba. Ya. Sí, pues sí. Sí. Y nunca me creyó. Nunca. ¿De qué? de que me cogía el güey ese. Y tú se lo dijiste a Sí, miles. Bueno, la cama está llena de sangre. Diario meiaba. ¿Tú crees que no me iba a creer? Era el miedo, ¿no? A los 6 años valió [ __ ] No aguanté y me salí. No, estabas muy chiquito. Sí, muy chiquito. Me encontró un super amigo. En paz descanso. Ya saliste a la calle, me imagino. Me senté en los camiones afuera í en Tacubaya. Te estoy hablando del distrito. Yo soy del distrito. No, me senté afuera ahí en Tacubaya y se acercó un güey y me dijo, "¿Qué tranza? ¿Qué haces?" Nada, no chillando, pues, morro. 6 años sin conocer a nadie. y le dije que me había escapado de mi casa y me llevó a su coladera, ¿no? Observatorio. Ahí estuve con él un año. Primero, antes que nada, que unos escape y sus tutores no se preocupen por su paradero. Ya nos está diciendo de qué clase de familia estamos hablando. Segundo, cuando una persona escribe maltrato físico continuo, abuso, violencia, se puede presentar lo que se llama trastorno de estrés postraumático complejo. ¿Qué a diferencia del trastorno de estrés postraumático clásico que surge a través de un evento traumático concreto, el primero aparece cuando el abuso es continuo y por parte de una figura de poder y o cuidador? Esto va a desarrollar dificultades para regular las emociones, sensación permanente de amenaza y problemas de empatía o apego. Y es importante que sepan esto para que entiendan el análisis final. En muchos casos, el niño aprende que la violencia es la única forma de relación posible porque su cerebro ha entendido algo muy concreto. La agresión es una estrategia de supervivencia y esto lo explica muy bien Alberandura en su teoría del aprendizaje social. Los niños aprenden conductas observando a los adultos e imitando las que funcionan. Porque el relato empieza con un niño de 6 años que ya ha vivido abandono, maltrato, abuso, falta de apego y de necesidades afectivas básicas. Con ello se inicia una búsqueda de pertenencia en la que cualquier gesto por parte de un grupo se interpreta como la atención y la importancia que nunca han tenido. Vale, muy bien. Pero, ¿para qué les estoy contando todo este rollo? Pues para que entiendan esta parte de la entrevista. ¿Cómo fue vivir en una coladera para ti? ¿Qué recuerdos tienes de era mi familia, ¿no? Por primera vez tuviste una familia entre comillas. Sí, entre comillas porque realmente pues cada quien está en su pedo, ¿no? Unos drogándose, otros cada quien en su pedo, ¿no? Tú te cuidas tú, ahí no hay nadie. Si te enfermas, si te curas, chillido, si te mueres, nadie te llora, manita. Somos perros de la calle, ¿no? Hasta los 8 años que me fui a la Mercedera 16, de ahí estuve. De ahí cómo era un día para ti ya viviendo en la calle después de que te escapaste. Me paraba temprano de la coladera, me salía y empezaba a lavar los camiones. Ahí sí empecé lavando camiones. Me mandaban por la marihuana, empecé a fumar marihuana. Llegaba la coladera y las rucas estaban cocinando y yo ya llegaba con cualquier resto, ¿no? Que tripas de pollo, cualquier bíera y ahí comíamos. Esa era mi familia. A los 7 años me fui para la Merced. Ahí conocí a mis mejores amigos. Tenían 50, 60, 70, 80 años. Esos eran mis amigos, manita. ¿Y si eran tus amigos? Muchis amigotes. Que donde estén, yo sé que están chido. Cuéntame de ellos. No, pues llego a los 7 años a la Merced. Y no conozco a nadie y me siento en una banca y enfrente de mí había un escuadrón de la muerte en aquellos tiempos. Ahorita ya no hay. Y me dicen, "¿Y tú qué chamaco? La cárcel, la calle tiene dueño. Yo lo sé." Y malas coladeras. Y si luego déjenme viví, me lo tuve que ganar. Nada es de gratis. Nada es de gratis. Pero esos rucos me enseñaron a leer, me enseñaron a hacer cuentas, no me enseñaron que el dinero es para dos cosas, para desmadrarte y para disfrutar. Yo lo quise disfrutar. ¿Cómo empezaste a ganar dinero? Era niño dragón. ¿Qué significa eso? este lanzaba fuego. Okay. Y cuando las ventanas de los de los carros estaban abiertos, les robaba las bolsas, lo que pudiera. A los 9 años conozco a una niña llamada, ella era más grande que yo. Su papá la vió, su abuelo la violó y llegó ahí. Se hizo mi noviecita. No, a los 9 años. Sí, a los Cuando alguien llama familia a un grupo es porque encontró un lugar que cumple las funciones psicológicas que la familia biológica no cumplió. Y esto a pesar de que no se hable de una familia real o sana, porque el ser humano tiene una fuerte necesidad psicológica al apego emocional en la infancia y a las necesidades afectivas básicas. Algo que se representa en la pirámide de Maslow. Luego de cubrir las necesidades básicas, comida, seguridad, aparece la necesidad de pertenencia, aceptación y vínculos. Pero si tu lugar de apego ni siquiera es capaz de ofrecerte las dos primeras, entonces el cerebro busca esa pertenencia en cualquier lugar. Y lo más disponible en las calles son los grupos ilícitos, quienes se aprovechan de la vulnerabilidad de la gente para reclutarla para su actividad. Es más, esto mismo lo confiesa él en diferentes puntos de la entrevista. Es que esta gente es fácilmente reclutada porque les ofrecen identidad y protección, algo que nunca han experimentado en su vida. Aunque también puede existir el factor de que sean víctimas de la supervivencia y no les quede otra opción que formar parte del crimen organizado. Es ahí donde entraría la definición de un sistema roto, servicios gubernamentales inefectivos y una sociedad quebrada por la inseguridad, violencia y pobreza. Tres cu meses después de que yo la conocí nos secuestran una perrera como a 10 culeros, ¿no? Y a mi novia y otros y nos llevan una bodega, se podría decir. Ahí me tien un año o tres meses. No nada más a mí, a buticuleros y culeras haciendo ejercicio, dañándote tu mente, diciéndote que tú eres una [ __ ] no servías para nada. ¿Quiénes eran estos de la perrera o cuál era el objetivo de tenerlos ahí? Voy para allá. Voy para allá. Cuando yo llego a esa a ese lugar, bueno, llegamos, nos empiezan a dar una vera, ¿no? Nos puros niños, puros menores, sí, nos empiezan a maltratar, nos empiezan a a decir que para pronto pues estamos a sus huevos de esos güeyes y si no hacemos nada pues nos iban a matar. Y así fue, hermanita. Nos empiezan a hacer ejercicio, a poner a hacer ejercicio, nos empiezan a leer, nos empiezan a poner cubiertos para saber a comer con ellos y es poder expresarnos. Así duré un año o tres meses. En ese año tr meses nunca me bañé. Así como cagaba en mi así costrudo, apestoso. Después de un cierto tiempo mi noviecita no aguantó el ejercicio y la mataron, ¿no? Todos los valecitos que no aguantaban los mataba y en las madrugadas los íbamos a tirar a Tlalpan. Los perros no tenían dueño, nadie reclama. Muchos de los niños seguramente ni registrados están. Todos casi la mayoría. La mayoría. ¿Y qué les decían? O sea, en ese momento, ¿para qué estaban entrenando? No les decía nada. Nada, nada. Nada más nos ponían a hacer ejercicio y morían de qué. Si tú no aguantabas hacer el ejercicio o contestabas o te ponías al pedo, rápidamente sacaba sacaban la nueve y te disparaban. Claro, Dios. No hay reclamos, no hay no hay que pagar nada. Los platos rotos no se pagan. La fiesta estaba pagada. Después de ese tiempo, hermanita, me bañan. Después de un año tr meses me bañan, me cortan mi pelo y me visten como si yo fuera un panquezote, ¿no? Y me mandan a la Cámara de Diputados a ver a tal Rogelio, no te puede decir el otro apellido. En paz descanse. Y me mandan y con un sobre amarillo de los que había antes con un hilo rojo. No sé si todavía haya. Sí, todavía. No. Y lo lee y me dice que me presenta a las 8 de la noche y me presento a las 8 de la noche y desde ese momento supe que el perro, o sea, yo ya tenía dueño, que ese fulano era mi dueño, que yo tenía que hacer todo lo que él me dijera. Y de ahí empezó mi vida delictiva, más de lo que yo ya había sido, ¿no? Robando, porque antes nada más robaba. Después de ese entrenamiento, después de tanta [ __ ] que me metieron en mi cabeza, empecé a hacer puras pendejadas. Pero no es porque yo quisiera, porque era mi vida. Que al final del día, te lo digo, ahorita hubiera estado muerto, hubiera estado hasta más chido, porque sí se hice mucho daño a mucha gente, ¿no? A lo mejor con conciencia en sí que tenía 10 años, pero lo hice. Me arrepiento. No, no me arrepiento porque los hechos ya están. No puedes cambiar el pasado. No, pero sí, sí me robé butinos recién nacidos. ¿Y cuál era el trabajo sucio? matar a quien te estorbara, eh hacer ofrendas a sus a sus muertos, porque la mayoría de esas personas, diputados, artistas y todos esos fulanos, tuve la oportunidad de comer con ellos y pues muchos de ellos, no todos la mayoría de ellos sí son satánicos, les gusta hacer rituales, ¿no? Yo me iba a Veracruz con los niños y allí hacían sus sacrificios en la todas esas cosas, la manita. Yo todo eso lo hice. Secuestraba, mataba. No. Todo esto que acabamos de ver ha hecho que la narrativa de empatía sea el enfoque principal de esta historia y muchos han justificado sus secuestros o asesinatos por ese niño roto que está detrás de este relato. Y es aquí cuando muchos se preguntan por qué hay gente que justifica y empatiza con Beto a pesar de los crímenes que ha cometido. En casi todas las culturas existe una idea muy fuerte. Los niños no son responsables de lo que les ocurre. Cuando una historia muestra a un niño expuesto a abuso, violencia o explotación, se activa rápidamente una respuesta emocional de protección. Muchos lo procesan primero como un niño que nunca tuvo oportunidad de desarrollarse en un entorno normal. Esto activa un tipo de empatía que en psicología se conoce como empatía contextual, que básicamente es la capacidad de entender a una persona en función al contexto externo en el que creció. Tampoco podemos olvidarnos del relato del niño que el sistema falló. Por ello, muchos internautas encajan su historia dentro de una narrativa más amplia, la de los niños que crecen en entornos donde el estado, la familia y las instituciones fallan simultáneamente. En este marco, Beto deja de verse solo como un individuo que tomó decisiones violentas y pasa a verse como el resultado de varios factores estructurales. Pobreza extrema, abandono institucional, violencia normalizada y reclutamiento infantil por parte de grupos criminales. Este tipo de interpretación se acerca a lo que en criminología se llama determinismo social, la idea de que el entorno puede influir de forma muy profunda en el tipo de vida que acaba teniendo la persona. Otro aspecto que hace que enfaticemos con criminales es que las entrevistas largas tienen un efecto psicológico muy importante. Cuando alguien aparece contando su vida, recordando su infancia o expresando su dolor, el cerebro del espectador empieza a percibirlo como una persona compleja, no solo como una etiqueta de sicario, criminal o preso. Cuanto más conocemos la historia personal de alguien, más empatizamos con él, incluso sabiendo si ha hecho cosas graves. Es más, una de las frases que más circuló en redes fue cuando Beto dijo, "Ojalá que en otra vida me toque algo más chido." Lamento mucho la vida que te tocó, de verdad. Pues me tocó vivir es la historia. Me lamento mucho. No hay pedo. A lo mejor en otra vida me toca algo más chido. Vas a ver que sí. Y si no, la volvemos a repetir. No [ __ ] no pasa nada. Ojalá no bien de ti y de mucha gente más. No pasa nada, manita. Este tipo de frases funcionan como gatillos emocionales porque transmiten una sensación de resignación, tristeza y sensación de destino truncado. Vale, la historia que ha contado es una putada y nadie debe pasar por algo así y menos siendo un niño porque esto mata por dentro y cambia por fuera. Pero para la psicología ese pasado justifica las acciones de hoy pues no. Y aquí entra el segundo marco narrativo. Aquí la psicología separa tres niveles distintos, causas, responsabilidad y consecuencias. Para empezar, comprender la causa no limita la responsabilidad. Una infancia con abuso, negligencia o violencia puede aumentar muchísimo el riesgo de conductas agresivas en la vida adulta. Sin embargo, la mayoría de modelos psicológicos sostienen que la conducta humana nunca está completamente determinada por el pasado. Es decir, el trauma influye, el contexto presiona, pero no obliga de forma absoluta. Por eso, la psicología evita decir que el trauma justifica la violencia posterior. En lugar de ello, se habla de factores de riesgo. Por ejemplo, crecer en un entorno violento aumenta la probabilidad, pero los datos también demuestran que no todos en la misma situación ni contexto acaban desarrollando conductas antisociales ni normalizando la agresión. Además, tenemos registros de miles y miles de casos clínicos que demuestran que la persona que sufrió abuso infantil no acabó siendo un criminal como único camino. Muchos desarrollan resilencia, estrategias de afrontamiento y trayectorias de vida distintas. El trauma puede influir profundamente, pero no determina de forma inevitable el comportamiento futuro. Y para entender por qué algunos sí y otros no, hay que distinguir dos diferencias importantes: el temperamento y la personalidad. El temperamento se refiere a las tendencias emocionales y conductuales con las que nacemos o que aparecen muy temprano en la vida. Tiene una base más biológica y neurológica, por eso se puede observar incluso en bebés. En cambio, la personalidad es mucho más amplia. Se construye a lo largo de los años a partir del propio temperamento, experiencias de la vida, relaciones, cultura y aprendizaje. El temperamento pone ciertas tendencias iniciales, pero la personalidad se va moldeando con la experiencia. ¿Y por qué esto es importante en el caso del trauma? Cuando dos personas viven experiencias muy duras, abuso, violencia, abandono, las reacciones pueden ser distintas porque tienen temperamentos diferentes y o desarrollan personalidades distintas según sus experiencias posteriores. Algunas personas nacen con mayor impulsividad o menor tolerancia a la frustración, lo que puede hacer que respondan al trauma con más agresividad. En cambio, otras tienen mayor capacidad de autocontrol o mayor sensibilidad hacia el sufrimiento ajeno. Y es así estas diferencias biológicas y psicológicas hacen que las personas expuestas a experiencias similares reaccionen de forma completamente distintas. El trauma afecta a todos, pero no todos lo procesan por igual. Cada persona tiene un temperamento distinto y una personalidad que se va formando de manera única. Es decir, las experiencias son subjetivas y no marcan un patrón global. Por eso, para la psicología, un pasado no justifica las acciones de hoy. Así que sí se puede empatizar con la supuesta historia que contó Beto, pero no podemos olvidar que él decidió causar daño ajeno. Y digo elegir causarlo porque estuvo muchos años haciéndolo y cobrando por ello. Vivía de ello y es un factor importante que no podemos olvidar aquí. Al principio no lo eligió, pero sí lo hizo después. Ya lo dijo, le gustaba vivir bien y cada año cambiaba dos veces de coche. Y ese dinero estaba manchado con sangre. Él era consciente y lo sabía, aunque esto es algo que analizaremos con mayor profundidad en el último punto. Y el tercer punto que viene parece que minimiza esto último y su pasado criminal. Además del debate sobre la figura de Beto, en redes sociales también ha surgido una discusión importante sobre el propio formato del programa penitencia y el tipo de contenido que presenta. Mucha gente no solo está opinando sobre la historia del entrevistado, sino también sobre si es adecuado o problemático dar voz a criminales para que cuenten su historia en profundidad. Y un cuestionamiento de esto es que un formato así puede convertir la narrativa de un criminal en algo atractivo y romántico. Y aparte se puede dar una imagen más humana o carismática, generar identificación emocional con el agresor o el relato puede terminar centrándose en su sufrimiento personal, dejando así en segundo plano a las víctimas, como parece ser que está sucediendo en este caso. Esto es algo que se ha observado en otros contenidos true crime, donde el personaje criminal termina siendo percibido como una figura fascinante o trágica en lugar de como responsable de violencia real. Psicológicamente esto ocurre porque una persona cuenta su historia con detalle y explica sus emociones, muestra vulnerabilidad y describe su pasado. Tal y como ya vimos, el cerebro del espectador, en este caso, tiende automáticamente a humanizarlo. Otro punto de la crítica es que el formato suele presentar la historia desde la perspectiva del propio criminal, lo que plantea un problema importante, ya que la narrativa puede estar influida por justificaciones personales, es decir, justificar el por qué lo hacía. Pero como ya vimos, en psicología no se puede minimizar tales actos y consecuencias. Es más, en psicología sabemos que se tiende a construir narrativas que hacen ver a la persona menos culpable. Cuando un criminal como Beto narra su historia en primera persona, el relato se centra en su experiencia subjetiva, sus emociones y sus recuerdos. Vamos, que puede alterar lo que le interesa para manipular y crear agrado. Diferentes estudios han demostrado que los delincuentes usan su relato para dar contexto que suavice la percepción pública, reescribir su historia de manera que genere simpatía e influir en la opinión sobre ellos mismos ante audiencias externas. Y aunque el relato sea sincero desde el punto de vista emocional, siempre hay un sesgo natural hacia la propia perspectiva. Y esto puede explicar por qué el público se divide entre empatía y condena. Y sí, escuchar la historia de una persona nos ayuda a entender mejor una trayectoria criminal. En eso consisten las entrevistas forenses. Pero nunca podemos olvidar las consecuencias que han llevado a esa persona a ser entrevistado de esta forma. Además, él se mostraba respetuoso y cercano a la entrevistadora. La llamaba hermanita para referirse a ella y siempre controlaba contar las cosas con respeto. Vamos a aguantar un año manita y esos eran mis amigos manita. Y así fue manita. Este es un punto interesante en su conducta mostrada. En primer lugar es una forma de crear cercanía y generar una relación de confianza. Usar términos familiares en una conversación reduce la distancia y transforma la entrevista en algo más parecido a una conversación íntima que a un interrogatorio, lo que puede facilitar que el entrevistado sabrá emocionalmente. Además, este tipo de lenguaje también puede funcionar como una estrategia de humanización. Al dirigirse a la entrevistadora de una forma efectiva, el entrevistado se presenta como alguien capaz de establecer vínculos y no solo como un criminal, lo que puede influir en cómo lo percibe tanto la entrevistadora como el público. Además, nunca he visto el contenido de este canal, ni conozco a la entrevistadora, pero si se fijan a lo largo de la entrevista muestra todo el grato empatía hacia él y apenas le pregunta por el sufrimiento de las víctimas y ese comportamiento hace que la otra persona lo tenga más fácil para contar lo que le interesa y crear sentimientos que lo beneficien. No necesariamente es manipulación consciente, pero sí puede funcionar como estrategia relacional del momento para crear empatía. Es más, parece que Beto lo consiguió porque a través de la presentadora y activista de penitencia, Sasque a Niño de Rivera, se abría un paquete de donativos en Amazon llamado Todos somos beto para que la gente donara ropa y utensilios de higiene para él. Ahora, habiendo visto todo esto, nos toca analizar lo más importante para comprender qué clase de psicología hay detrás del comportamiento de Beto. Y para empezar a entenderla, tenemos que escuchar la respuesta de esta pregunta. Yo no sabía qué cantidad era, era mucho dinero para mí y desde ese momento cambió mi vida. ¿Y por qué te pagaron? Porque robaba niñ. Porque robabas niños. ¿Cuál era el objetivo de robarte de no llevarlos a diferentes estados hace sacrificios cultos? ¿Qué opinas de haber robado? ¿Qué sentías de robar mi en esos movimientos? Yo sentía que el niño que yo me robaba o la niña no iba a sufrir lo que yo sufría, ¿no? Como si le estuviera salvando la vida o o que pasara algo que yo pasé, ¿no? ¿De dónde te robabas a los niños? de las coladeras, de las calles, de los hospitales. Era un niño, podía entrar yo donde yo quisiera y nadie te decía nada. Y nadie me decía nada. Por eso es que el gobierno nos contrataba puro chamaco. Robaba niños para evitar que pasasen por lo mismo que él. Y no estamos hablando de niños que estaban solos o abandonados en las calles, que ya de por sí está mal, sino que iba a hospitales o a barrios para secuestrarlos y separarlos de sus familiares. Y ojalá sabía el destino que les esperaba. Y esto es lo que se llama en psicología racionalización de conducta violenta. Es decir, es una forma de construir una explicación que le permita dar sentido a sus actos y así reducir el conflicto interno de lo que hizo y la imagen que tiene de sí mismo. Este discurso se puede dar en muchos aspectos psicológicos, pero esa forma de contarlo con una sonrisa o muestra de alegría puede indicar una incongruencia emocional, es decir, que la expresión facial no coincida con la gravedad de lo que se está diciendo. Y esto puede deberse a mecanismos de defensa, a una forma de reducir la atención al hablar del tema o a cierta desensibilización emocional. ¿Dónde está la empatía de separar a sus pequeños de sus padres y más sentirte con el derecho de hacerlo sabiendo al final que les esperaba? Él mismo lo acaba de decir. No sabía qué clase de vida tenía ese niño, pero igualmente lo secuestraba. En este discurso no hay empatía. Es una persona fría que disfrutaba de lo que hacía, minimizaba sus actos distorsionando la realidad y ahora lo cuenta de una forma frívola. Es más, él mismo lo dijo. Menos mal que este lugar me limita. ¿Sientes que la cárcel te contiene? En muchas cosas. Sí, va, en demasiadas cosas. Te me limito. No, no existe un malestar por las acciones, pero sí una justificación para todo. Escuchen. De los 10 a los 17 fue mi fama. ¿Qué fama era esa? Esa que te digo, tener dinero, cambiar mis carros dos veces por año de agencia, irme a donde yo quisiera, gastarme lo que yo quisiera, comprar lo que yo quisiera, sin límite. Pero, ¿qué crees? Que nada más los disfrutaba en el momento, porque al final del día el perro siempre ha estado solo. Disfrutaba del dinero que ganaba, pero al final del día se sentía solo como un perro. Ven, generando empatía con el público. Y ahora viene el ingrediente que nos falta en este análisis, el placer emocional de lo que hacía. ¿Cómo es que terminas el mundo del secuestro? Porque me enseñan a me enseñan a subir a la gente a la a las camionetas y aprendo y me gusta y veo que toda la gente que que secuestran no eran gente de la central de abastos o carniceros o eran gente pues gente de dinero y ya dadas con fotografía, familias, todo. Bueno, ¿hasta qué horas cagaban y aflojaban? Porque aflojaban. Y a mí se me hizo fácil y lo intenté y resultó. Y lo intenté y resultaba. Y las ganancias, ¿no? Las ganancias eran buenas, buenísimas. Vieron otra vez justificándose. No era gente común, carnicero, panadero, es decir, gente trabajadora, sino ricos, como si ellos no tuviesen vida o una familia que romper. Los rasgos que él describe, la ausencia de remordimiento, la justificación de sus crímenes como un intento de salvar a otros y la manipulación de generar empatía coinciden con algunos criterios centrales del trastorno antisocial de la personalidad, como el desprecio por las normas sociales, la falta de culpa y la racionalización de la conducta antisocial. Ahora he escuchado por ahí que el comportamiento veto encaja con la psicopatía, pero desde mi punto de vista creo que está más relacionado con la sociopatía y les explico por qué. Dentro del espectro del trastorno antisocial, los especialistas suelen diferenciar entre sociopatía y psicopatía. La sociopatía suele estar más influida por factores sociales y ambientales, mientras que la psicopatía se relaciona más con factores biológicos y neurológicos. Los sociópatas pueden establecer vínculos emocionales con ciertos grupos, aunque actúen de manera violenta o antisocial y tienden a mostrar impulsividad y reacciones emocionales intensas. Por otro lado, los psicópatas suelen ser más fríos, calculadores y difíciles de vincular emocionalmente, con ausencia casi total de culpa y un comportamiento planificado y estratégico. En el caso de Betho, varios elementos sugiere un perfil cercano a la sociopatía con rasgos psicopáticos pero parciales. Creció en un entorno de violencia extrema y abuso, lo que genera fuertes factores sociales y traumáticos. Encontró una sensación de familia y pertenencia en grupos delictivos, lo que indica capacidad de vincularse selectivamente. Además, sus crímenes no siempre estaban seriamente calculados. cualquier niño servía para la operación y estos puntos indican que su comportamiento antisocial está profundamente influida por su historia traumática. Es decir, no la hacía por algo innato. Ya lo dijo, los quería salvar de una vida parecida a la de él. Un punto clave es que la psicología moderna distingue entre trastorno antisocial de la personalidad puro y trastorno antisocial influido por trauma. Porque el abuso y maltrato extremo en la infancia puede generar desregulación emocional, dificultad para sentir empatía fuera del propio grupo y conductas agresivas como estrategias de supervivencia. En este sentido, el perfil de Beto se puede escribir como un trastorno antisocial con etiología traumática, donde la historia de abuso explica parte del comportamiento, aunque no lo justifica moralmente como ya vimos. En conclusión, escuchar la historia de un criminal puede ayudarnos a entender cómo se forma la violencia, pero también nos invita a preguntarnos hasta qué punto queremos mirar de cerca esas historias sin perder de vista quienes sufrieron las consecuencias. Por eso la conversación en internet se polarizó tanto. En realidad lo que está chocando no son solo opiniones, sino dos marcos psicológicos distintos para interpretar la historia. Un marco intenta comprender cómo alguien llega a convertirse en secario. El otro insiste en que ninguna historia personal puede borrar el daño causado. Y esa tensión es precisamente lo que hace que casos como este generen debates tan intensos, porque obligan a la sociedad a enfrentarse a una pregunta incómoda. Considero que para que un sistema funcione tiene que haber un conjunto de factores a favor. No podemos depender solo del Estado. En cualquier sistema hay huecos, en algunos más que otros. Por ello, también hay responsabilidad en nosotros como sociedad. Ser padre o madre es una de ellas. Por ejemplo, no todo el mundo está preparado ni tiene la capacidad para ello. También es importante saber que hay una responsabilidad en nosotros al ver a un niño ahí abandonado y no prestarle atención o ayuda, es decir, involucrarnos más en nuestro entorno para velar por la seguridad y bienestar de los niños, seamos personas ajenas o padres, y denunciar cualquier comportamiento ilícito hacia ellos. Y sí, es muy fácil de aplicar, pero esto suena a una utopía inexistente. Beto fue un niño roto, pero él también rompió niños y es ahí cuando tenemos que actuar en consecuencia, porque es muy difícil que una persona así se reintegre en la sociedad. Es muy difícil y más diciendo que tiene un lugar que menos mal que lo limita y que no se arrepiente de nada. Pues nada, dejen ustedes en la caja de comentarios qué piensan de este caso. ¿Su pasado justifica su presente? Si no depende nada, déjenlo por ahí abajo que les leo. Y ya saben, si les ha gustado el vídeo pues dejen muchos likes y si tú eres seguidor recurrente al canal y aún no te has suscrito, pues hazlo por favor porque es una manera muy fácil de apoyar este proyecto y así yo estaré feliz para ensearles a todos una próxima semana, chachi y piruli. Recordades que hay un canal de WhatsApp de mente humana que se los dejo abajo en la descripción por si quieren estar al tanto de las cosas del canal u otras de interés. Y también recordarles que me vayan seguir en Instagram donde estoy subiendo contenido exclusivo a esa plataforma. Así que vayan corriendo para que no se pierdan ninguno. Si tú eres nuevo y quieres saber más de tu mente, suscríbete y no olviden activar la campanilla para recibir las notificaciones de los últimos y nuevos vídeos. Pero como saben, todos los nuevos vídeos se suben los domingos y a lo largo de la semana hay algún que otro sor o vídeo largo un jueves. Pero sobre eso siempre les avisaré con antelación. Dicho esto, sean felices, portaos muy bien y nos vemos las caras la próxima semanita. Ah. Ah. Ah.
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